Desde hace ya algunos años mi pareja y yo coincidimos en algo que nos encanta hacer cuando visitamos un nuevo lugar, sobre todo si es un país diferente: visitar los supermercados.

No estoy hablando de ir a hacer las compras para poder comer más barato que yendo a un restaurante, algo totalmente comprensible, sino de entrar en cada supermercado por el mero hecho de conocer los productos que vende.

Una de las muchas formas que existen de conocer un lugar es por su gastronomía. Entrar en un súper deja a la luz muchos de los secretos de la región en que se encuentre. El mejor ejemplo suele ser los quesos. Aunque en un mundo globalizado como el que tenemos hoy en día podemos encontrar todo tipo de quesos, la verdad es que siempre hay unos u otros que te van a llamar más la atención dependiendo de donde te encuentres. Si estás en Portugal, veras por todas partes queso de la Serra da Estrelha. Si te encuentras en Suiza, es difícil que no te llame la atención el queso Gruyere, en España vas a encontrar Manchego allá donde vayas y en Brasil algún queso de Minas.  Por supuesto, varios de estos quesos los puedes encontrar en muchos países pero no en la misma cantidad, variedad, precio o incluso calidad. Y así con muchos productos.

Para nosotros, hacer turismo de supermercado es un punto más en nuestra forma de viajar. Conocer nuevas redes de supermercado, mini mercados de barrio o, por supuesto, los clásicos mercados municipales, forman parte casi siempre de nuestras prioridades a la hora de conocer a fondo una ciudad. Hace ya algunos meses que estamos en la ciudad desde donde estoy escribiendo estas palabras y, por pura casualidad, descubrimos un mercado que no conocíamos. Casi nos sentimos como si hubiéramos ido a París y hubiésemos descubierto una segunda Torre Eiffel. Bueno, de acuerdo, quizás estoy exagerando un poco. Pero lo cierto es que como en ese momento nos estaban llevando de vuelta a casa en coche, no pudimos parar y acordamos reservar un tiempo del siguiente fin de semana para poder ver lo que nos ofrecía este nuevo punto.

Alguno pensará que es una tontería, pero decididamente se aprende mucho de un país o de una región mirando los estantes de un supermercado. Por poner un ejemplo, si pasas por Portugal y vas a comer a los restaurantes (cosa más que recomendable) podrás conocer mucho sobre su gastronomía, claro, pero no sobre sus materias primas. No podrás conocer, en general, los estupendos quesos de São Jorge (¡qué! Es que el queso me gusta mucho), ni catarás la variedad de frutas tropicales en buen estado provenientes de Brasil, su país casi hermano o, mejor dicho, antiguo hijo. No sabrás la enorme variedad de vinos y regiones vinícolas. Ni, quizás, tampoco llegues a apreciar lo verdaderamente importante que el Bacalao es en la cocina de este país. Muchos matices de este país (y de la mayoría) se te pasarán por alto por no haber entrado en algún supermercado.

A veces incluso te puedes llevar verdaderas sorpresas. Por ejemplo, para aquellos que pienses que Inglaterra se reduce a su famoso fish & chips (lo que, en el fondo, tal vez no esté tan lejos de la verdad), se maravillará entrando en muchos de los supermercados ingleses y viendo la cantidad de productos difíciles de ver en muchos otros lugares. No quiero decir que sean productos sabrosísimos, pero son, como mínimo, diferentes. A mi pareja también le chocó la gran cantidad de dulces que, de un día para otro, aparecieron en Navidad en el lugar donde hacíamos las compras diarias. Otro ejemplo, cuando fui a vivir a Brasil, me quedé fascinado viendo la cantidad de tipos de azúcar diferentes que tienen o las frutas extrañas de las que ni siquiera hemos visto una foto en Europa o los sacos enormes de arroz o alubias que ponen a la venta (recordemos que arroz e feijão es, por así decirlo, un plato nacional en dicho país).

Alguno pensará que todo eso se puede ver en los mercados municipales, pero la realidad es que son dos mundos diferentes y complementarios. En los mercados, sin duda, es más fácil encontrar una buena variedad de productos frescos y locales, aunque a veces, en determinados supermercados te puedes llevar sorpresas agradables en ese sentido.

Mi consejo por tanto: si queréis conocer una región o país un poco más y, sobre todo, su parte alimenticia, no dejéis atrás los súper, por mucho que sean grandes empresas, a veces, más interesadas en vender cantidad que calidad. Al fin y al cabo, son parte del día a día de la mayoría de las personas que viven allí. Así pues, como dice el refrán: “allá donde fuere, haz lo que vieres”.