Me niego a admitir que un lugar, cualquiera que sea, no me aporta nada cuando he pasado cierto tiempo en él. Aunque sea media hora. A veces, es como si sintiese físicamente que algo de aquel lugar se ha integrado en mí mismo para hacerme crecer de alguna forma. Tal vez, unas conexiones sinápticas de mis neuronas por aquí, unos olores por allá, una receta que nunca olvidaré, una sonrisa que vi o un viento que noté. A lo mejor, una conversación que tuve, una palabra que escuché sin querer o una lluvia que me impidió salir de casa y provocó una idea que me hizo cambiar de parecer sobre un tema.
En Portugal he pasado un par de años de mi vida y, desde luego, ha dejado una huella que no puedo ni quiero olvidar.

Las comidas

En Portugal se come. Mucho y bien. No voy a comparar con otros lugares porque sería injusto, tanto para Portugal como para los otros lugares. Pero reconocí en sus comidas y en sus olores muchos que me eran familiares por cuando mi madre cocinaba. De cada lugar por donde paso me llevó una receta, un sabor o un ingrediente que antes no conocía o no me era tan familiar. De aquí me llevo las torradas nadando en mantequilla y el olor a cilantro (coentro en portugués). Me llevo muchas más cosas, desde luego pero esas dos se incorporan desde ahora a mi vida igual que el pan con tomate que comía en Denia o el pan de queso que me llenaba en Brasil.

El café

Yo ya era cafetero antes de llegar a Portugal, pero recuperamos, mi pareja y yo, la adicción a esta bebida que sufrió un ligero parón mientras vivimos en España. Aquí bebimos café a todas horas (sí, tengo la suerte de poderlo beber por la noche sin que me quite el sueño). Café bueno, buenísimo, y barato en las cafeterías.

Emprender

Tengo naturaleza emprendedora, pero creo que en Lisboa, esta particularidad de mi carácter apareció más clara que nunca. En una ciudad de moda entre los nuevos emprendedores, es fácil contagiarse de esta atmósfera. Pensar en negocios, sin dejar las emociones, los gustos y las vocaciones de lado es algo realmente fácil de hacer en Portugal.

Escribir

Días antes de marcharnos de Portugal, donamos varios libros que no podíamos llevar con nosotros en nuestra nueva etapa a la biblioteca de Caldas da Rainha. Uno de ellos era el mío, el que prácticamente escribí por completo en dicha ciudad y, sobre todo, precisamente en la biblioteca. Lu, mi mujer, decía que entregar ese libro era completar el ciclo. Es verdad. Habíamos ido a vivir en Caldas, porque necesitábamos calma, teníamos que centrarnos en nuestros futuros proyectos y parar algunos meses en un lugar sin demasiada agitación para poderlos llevar a buen puerto. Eso ocurrió con este libro.

País Instagram

Me gusta considerar Portugal  como un lugar extraordinariamente bueno para sacar fotos bonitas, curiosas, interesantes, divertidas, llamativas, naturales o históricas para exhibirlas en Instagram. Es un país lleno de rincones que transmiten sensaciones. Desde el más pequeño y discreto hasta el más popular. Llenan la vista y muchas veces el corazón.

Portugués

Para alguien que, como yo, aprendió a hablar portugués en Brasil, vivir en Portugal no representaba un gran reto intelectual: ¡craso error! Las diferencias de ambos idiomas en su vocabulario, pronunciación y estructuras son, a veces, tan grandes que me resultaba difícil o imposible entablar conversaciones con portugueses. Supongo que tras el tiempo pasado allí debo decir que aprendí bastante más de lo que me esperaba y me quedé con dos detalles.

Por un lado, la mayor similitud que tiene con el español comparado con el portugués de Brasil. Por otra, ¡cuánto recuerda al ruso! Esto último puede parecer una tontería, pero al principio pensaba que en Caldas da Rainhas, vivían muchos rusos porque escuchaba mucho dicho idioma por la calle. Luego me di cuenta de que, en realidad, prestando solo un poco de atención podía percibir que era portugués. No ocurría con todos los portugueses, pero si me pasó con más de los que me gustaría admitir. Para mi sorpresa, hace no mucho leí un articulo que decía que esta confusión no es ni mucho menos extraña. Me quedo tranquilo.

La sencillez

A muchos, esto les puede parecer ridículo o incluso antiguo.  Me encanta la sencillez de los portugueses, la economía de sus gestos y palabras. La simplicidad de sus comidas con sabrosísimos resultados. La educación y amabilidad de las personas, sin que estas necesiten falsos gestos desmedidos para mostrar su calidez.

La integración

Sobre todo en Lisboa, ver como inmigrantes de las antiguas colonias, pero también de otros países, se integran sin grandes problemas en el día a día de cada ciudad. No digo que nunca haya problemas derivados más de la ignorancia que de otra cosa. Pero, se nota en la mirada de las personas. Difícilmente verás a nadie mirar con desagrado por el rabillo del ojo cuando pasa un hombre negro o un chino o una mujer musulmana. El barrio de la Mouraria, tal vez ea un buen ejemplo de lo que hablo. El respeto entre todos o casi todos salta a la vista.

Podría hacer una lista mayor de lo que me llevo de Portugal, de aquello que me más me marcó, que más me llamó la atención o que me va a servir de algo en el futuro. Pero sería una lista interminable.

Solo sé que este pedacito de terruño que comparte península con mi país natal, se ha anclado en mi miente y, por qué no decirlo, en mi corazón. Y no parece que tenga ninguna intención de salir de ahí, de lo cual me alegro. El próximo destino es Grecia, la cual no dudo que también rellenará los huecos que tengo disponibles dentro de mí para hacerme más persona. Pero, hoy dedico estas palabras a Portugal que me conquistó de la misma forma que a través del mar llegó a conquistar medio mundo.