Si, ya sé que titular un artículo con la pregunta y admitiendo la ignorancia sobre la respuesta, no parece una buena idea, pera déjame que me explique y seguro que entiendes el porqué.

La primera vez que me mudé de ciudad fue cuando salí de Bilbao, mi ciudad natal, para ir a vivir a Brasil. En aquel entonces decidí llevar dos grandes maletas, principalmente con ropa, ademas de una mochila con mi ordenador portátil y la cámara de fotos. En ese momento era un ignorante en cuanto a lo que ha de llevarse y cómo en un viaje cualquiera, mucho menos en una mudanza de vida.

Por eso cuando llegué al aeropuerto de São Paulo y descubrí que mis maletas habían seguido un rumbo diferente, me vi con la cámara y el portátil como única compañía. Suelo decir que en aquella ocasión, mi vida iba resumida en dos maletas y para colmo me las perdieron. Tuve que comprar algo de ropa y todo quedó solucionado un día después cuando mi equipaje apareció como por arte de magia en la habitación del hotel donde me encontraba.

Alguno puede pensar que aprendí de la experiencia. Nada más lejos de la verdad, aunque afortunadamente nunca me ha ocurrido de nuevo nada parecido. Sin embargo, cada vez que he tenido que mudarme de casa,  ciudad o país, he pasado por la misma situación: ¿Cómo es posible que acumule tanta ropa, objetos, recuerdos y cachivaches de todo tipo? ¿Cómo es posible que sabiendo que mi vida es y, de momento, será una vida nómada, no haya conseguido reducir mi equipaje?

El colmo fue en mi mudanza de Denia (España) a Lisboa. Estábamos viviendo en una casa de menos de 30 metros cuadrados. Cualquiera que haya vivido en una casa de ese pequeño tamaño sabrá que no puede guardar muchas cosas y que tendrá que tener siempre una cuidada organización para que el hogar no se convierta en algo parecido a una tienda de todo a un euro. De hecho, nunca había vivido en un lugar tan ordenado. Así pues, la sorpresa fue grande cuando vimos que todas nuestras cosas ocupaban la nada despreciable cifra de 16 cajas de cartón de diferentes tamaños (ninguna de ellas pequeña).

Cuando llegamos a Lisboa, uno de nuestros primeros pensamientos fue desprendernos de todo lo que pudiésemos. Llevar una vida ligera de carga. Solo que no era fácil. Cuando se fue aproximando nuestra siguiente mudanza, a una ciudad a tan solo 90 kilómetros de Lisboa, nos entró una frenética fiebre de desapego de muchas de nuestras cosas. Comenzamos por la ropa. Creo que llegamos a donar entre 15 y 20 bolsas llenas de ropa, más algunas prendas de abrigo. Pusimos a la venta libros y eliminamos todo lo superfluo.

Estamos lejos de viajar todo lo ligero que nos gustaría. Pero es verdad que desde mis comienzos en este tipo de vida nómada, hasta hoy, las cosas han cambiado mucho.

Toda esta experiencia me debería servir para indicarte qué meter en tu equipaje cuando te vayas a vivir a otro lugar. En realidad es fácil: ropa como para ocho o diez días. Ropa de abrigo, si fuera necesario. Olvídate de ir de guapo o guapa por la vida. No es tu objetivo. Lleva ropa práctica, cómoda y fácilmente combinable. Si además esa ropa te hace sentirte atractivo/a, bien por ti. Lleva los aparatos electrónicos que necesites y sus cargadores. Por supuesto, los elementos de higiene, excepto champús o geles, ya los comprarás en tu destino. Si algo lo puedes comprar en tu destino, no lo lleves contigo, a no ser que te salga muy caro comprarlo de nuevo. Añade, para terminar, esos objetos que solo tú sabes cuales son y sin los que de momento no podrías vivir por la razón que sea: unas medicinas, un libro, una foto, un secador de pelo o una navaja suiza. Ya está. Fin del inventario.

Entonces, te preguntarás, ¿por qué dije en el título del artículo que no sabía lo que había que poner en el equipaje y ahora he dado una lista de dicho contenido? La realidad es que solo vas a saber lo que llevar en tu mochila tras haber errado varias veces.

Una cosa es la teoría y otra la práctica. Cuando me puse a reducir el tamaño de mis mudanzas, comencé a leer blogs de viajeros, de nómadas y sus consejos acerca del tema. El problema es que muchos de ellos no son nómadas sino viajeros (y no digo esto de forma negativa, ¡que no se sulfure nadie!). Es decir, no llevan la casa a cuestas, sino que salen de su casa o de la de sus padres, viajan una temporada y vuelven para recargar pilas, reorganizar sus vidas y tal vez también sus mochilas. Unos cuantos si que dan consejos que parecen realmente útiles. Lee a todos ellos y extrae de sus artículos lo que tienes que aprender, fíjate en lo espartanos que normalmente son, en lo poco que realmente necesitan y en las ideas geniales que, muy a menudo, vas a poder leer. Luego, resume todo lo que has leído y, finalmente, haz lo que te de la gana porque, seguramente, la única que te va a enseñar realmente a saber lo que llevar contigo es tu propia experiencia.