Llegas a un estacionamiento de pago, subes las escaleras o el camino que te llevan a una de las dos puertas del lugar y entras en otra época: nos encontramos en Monteriggioni, una ciudad de la Toscana, en Italia, relativamente intacta desde el siglo XIII en que fue construida.

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Sus murallas con los torreones que Dante nombraba en su particular infierno y sus pocos edificios están conservados con muy pocas modificaciones. No encuentras grandes catedrales o vanidosos palacios como en otras ciudades italianas, sino la arquitectura típica de una pequeña fortificación que servía para controlar la vía Cassia entre Val d’Elsa y Val Staggia.

Acogedora, encantadora y discreta. Uno de esos lugares que te pueden dejar marcado sin saber muy bien por qué. Aunque yo tengo un recuerdo muy claro de algo particular. En la piazza di Roma, puedes encontrar varios restaurantes. Seguramente en todos ellos se coma bien, no lo sé. Pero nosotros tuvimos la suerte de terminar sentados en uno que nos encantó.

MonteriggioniEl Ristorante da Remo (Il piccolo castello) es el lugar que escogimos para almorzar y fue todo un acierto. Sus gnocchi me dejaron uno de los mejores recuerdos que tengo de Italia. Eso no quiere decir que a todo el mundo le tenga que encantar este plato, en este restaurante. Pero para mí fue la comida perfecta, en el momento adecuado y en un lugar como Monteriggioni que merece ser recordado por muchos pequeños detalles, también por su comida.

No es ningún secreto que el helado de Italia es el mejor del mundo. No hablo de concursos, sino de la alta probabilidad de encontrar una heladería buena en cualquier lugar del país. Esta ciudad no es excepción, y en una tienda de alimentación que se encuentra en la via I Maggio, cerca de la otra entrada en la muralla, podéis encontrar un estupendo helado, no el mejor que comí en Italia, pero desde luego también lo disfruté.

MonteriggioniAdemás de andar sobre las murallas casi intactas y de visitar la iglesia de Santa María, merece la pena entrar en alguno de los pocos comercios existentes. En la via I de Maggio, se puede encontrar una pequeña tienda de alimentación, donde podréis disfrutar de un buen helado, a la altura de los excelentes helados italianos. Me encantó también una pequeña tienda de artículos de decoración y en cuyo sótano tuvimos la suerte de encontrar una pequeña degustación de los aceites que vendían.También tenéis un local de venta de vinos regionales con una relación calidad-precio más que aceptable.

Para los seguidores de la franquicia Assassins Creed, Monteriggioni es un lugar clave de uno de los juegos, pero no os hagáis ilusiones de ver la ciudad del juego físicamente porque cualquier parecido con la ciudad real, es pura casualidad.

Pero por mucho que os cuente sobre esta pequeña perla de la Toscana, no os voy a poder convencer para visitarla. Tenéis que ir allí para oler, ver y sentir. Oler las comidas en la Piazza di Roma, ver una ciudad anclada en el pasado y sentir su historia como si hubierais retrocedido varios siglos nada más atravesar sus murallas.