Definitivamente, ser freelancer, trabajar por tu cuenta, está de moda. Hay tantas posibilidades y es un estilo de vida con puntos tan positivos a tener en cuenta (aunque también los hay negativos, por supuesto), que es muy difícil obviar la existencia de esta forma de trabajo. Por eso, decidí escribir este pequeño artículo para aquellos que están en plena decisión de hacerse freelancers o no, por la causa que sea. Yo lo soy desde hace ya unos cuantos años y no puedo decir más que cosas buenas (en mi caso, porque las malas son pocas e intrascendentes).

Sé tu propio jefe (o no)

Una vez, cuando trabajaba en una pequeña empresa, le dije a mi jefe y propietario de la misma que tenía suerte de no tener jefe. El me dijo que eso no era cierto, era más bien todo lo contrario, su jefe era mucho peor, era el propio mercado. Es verdad que en el orden jerárquico de la empresa en la que trabajas siendo freelancer, tú eres el jefe, no tienes a nadie por encima, claro.

Sin embargo, la realidad, como bien indicó mi antiguo jefe, es que terminamos dependiendo de nuestro clientes. Ellos son, de manera indirecta o no tan indirecta, quienes nos dicen lo que hacer o lo que no hacer, cuándo podemos coger vacaciones según la cantidad de trabajo que haya en cada momento y cuánto será nuestro salario (precios) dependiendo de la oferta/demanda.

¡Cuidado! Lo dicho en el anterior párrafo no es para tomarlo como algo negativo, es simplemente para darse cuenta de que ser freelancer no significa una total libertad como algunas personas tienden a pensar.

Sé libre

Precisamente esta palabra es la que más nos atrae del mundo freelancer. Libertad para hacer y decidir muchas cosas. La posibilidad de elegir nuestro lugar de trabajo, según nuestra profesión es tan grande que a veces incluso asusta. Cuando se trata de alguien que trabaja desde el notebook, su oficina puede ser casi cualquier lugar donde se sienta cómodo. En mi caso, como profesor online no puedo permitirme el lujo de trabajar en cualquier sitio, ya que necesito espacios silenciosos para que mis alumnos puedan escucharme bien y yo a ellos. Como escritor de blogs o escritor, por ejemplo, he trabajado en la cama de un hotel, en la cafetería mientras me tomo un café y unas tostadas con mantequilla, en una biblioteca o en cualquier lugar donde mi cabeza estuviese preparada para escribir algunas palabras.

Pero también tenemos libertad para trabajar con quien queremos. Antes decía que nuestros jefes eran en realidad nuestros clientes, pero el punto importante es que nadie nos obliga a aceptar a un cliente determinado o a continuar nuestra relación con él. Si no queremos realizar el trabajo que nos ofrece le decimos que no y basta. Evidentemente, eso significa que no vamos a recibir los ingresos correspondientes, pero esa es nuestra elección.

Y desde luego tenemos libertad para decidir cuándo trabajar. Si la próxima semana hay un concierto de rock en mi ciudad que no me quiero perder, no hace falta pedir un día de vacaciones a mi jefe (ni siquiera a mi cliente). Me lo tomo yo sin ningún problema. En mi caso, de nuevo, es un poco diferente. Yo doy clases de español a mis alumnos y si un día no quiero dar clases tengo que avisarles con tiempo suficiente y no hacerlo a menudo. Pero no es algo que hasta ahora me haya dado ningún problema.

No estás solo

A muchos, la idea de trabajar por su cuenta les da pánico, no porque necesiten disciplina (y créeme: hace falta) ni porque no sepan cómo hacerlo ni porque les dé miedo no saber encontrar clientes. Ser freelancer es, en la mayoría de los casos, un trabajo solitario. Estés en casa, en un espacio de coworking, en la cafetería o rodeado de tu familia en casa, la realidad es que solo tú estás trabajando en tus tareas, no tienes compañeros con quien comentarlas ni jefe al que pedir ayuda o consejo. Pero para eso están las redes sociales.

Sí, efectivamente, Facebook o Twitter se pueden usar para poner verde al político de turno, para cotillear lo que hace un amigo o para contar tu vida a gente a quien no le interesa un comino lo que les cuentes. Pero, afortunadamente también sirven para encontrar personas que trabajan en tu misma profesión, con los que puedes comentar novedades o curiosidades, preguntar dudas o reírte un poco como lo harías con un compañero de trabajo en la oficina. ¿No hay contacto físico? Es cierto, pero bueno, ¿acaso te andas tocando, abrazando o algo parecido con tus compañeros presenciales?

Los colegas de profesión online, no solo pueden ser igual de sociales que los presenciales, sino que, a menudo, son mucho más solidarios, compartiendo con los demás sus trucos, consejos, ideas, proyectos o herramientas. Por poner de nuevo un caso personal, hace poco creé un grupo para los profesores online de idiomas, donde poder intercambiar información sobre esta profesión y su modalidad. Aunque está comenzando, es ya bastante obvio que va a ser un buen lugar de encuentro entre los de nuestra profesión. Aquellos que están en dicho grupo son, por así decirlo, mis colegas de trabajo.

Eres capaz

Antes hablaba de miedos a la hora de lanzarse a una aventura laboral en solitario. Uno de los mayores está relacionado con nuestro potencial. Cuando tenemos una idea que nos permitiría trabajar como freelancers, tal vez nuestro propio trabajo actual, lo primero que pensamos es ¿pero de verdad soy capa de hacerlo yo todo?

No en vano, trabajar por nuestra cuenta, incluso en lo mismo que llevamos trabajando años en una empresa, significa aprender mucho sobre aspectos de nuestra profesión sobre los que no necesitábamos saber nada. Por ejemplo, alguien que trabaja en una empresa de publicidad tendrá que aprender a conseguir clientes nuevos. Profesores de escuela que van a dar clases particulares, tendrán que aprender a preparar clases para un solo alumno y no para grupos, y en cualquier profesión, tendrá que aprender a llevar las finanzas.

Todo esto da miedo. Y no puedo mentir, no es fácil. Pero como siempre digo, está lejos de ser imposible. Si tú quieres, como mínimo, lo puedes intentar. En el peor de los casos habrás perdido tiempo y quizás algo de dinero. Si has ido poco a poco habrás aprendido muchas cosas que, de cualquier forma, trabajando por tu cuenta o para otro, te podrán ser útiles en uno u otro momento.

Aprovecha la generación

Quizás no te has dado cuenta, pero cada día es más obvio que vivimos en una generación de lo más adecuada para trabajar por nuestra cuenta. Actualmente las herramientas para desarrollar nuestro trabajo de forma simple y sin mucho esfuerzo fuera del amparo de una empresa son muchas y muy variadas. Esto es algo que hace pocos años era impensable. Ser un freelancer era algo casi de aventureros. Internet es la gran oficina de los trabajadores independientes. Puedes encontrar clientes, compañeros de trabajo, software para facilitarte la vida, todo tipo de profesionales en cualquier parte del mundo y un amplio catálogo de todo lo que podamos imaginar a nuestra entera disposición: y muchas veces de forma gratuita.

Empieza poco a poco

Otro de los miedos típicos de un futuro freelancer es el hecho de dejar su trabajo actual para arriesgarte en su empresa independiente. Pero la realidad, la mayoría de las veces puedes ser mucho más cómoda que esa. En lo posible, no dejes tu trabajo en la empresa en la que estás. A no ser que estés muy seguro de que tu futuro emprendimiento va a salir bien, puedes comenzar poco a poco, compatibilizando ambos trabajos. De esta forma, el riesgo va a ser mucho menor y puedes retirarte en cualquier momento sin perder nada o, al menos, no mucho.

Arriésgate

Sin embargo, hay una frase que dice “el que no arriesga no gana”. Hasta cierto punto es verdad, pero también es cierto que hay otro dicho que nos recuerda que “el cementerio está lleno de valientes”. Siempre hay un término medio en el que el riesgo es asumible. Lo que no puedes hacer es esperar a que se den las condiciones idóneas, perfectas, sin riesgo, sin problemas, ¡porque eso no existe!

Valorízate

No eres un don nadie. Puede que seas el último en llegar y puede ser que tengas un gran número de competidores. Pero si rebajas tus precios al mínimo para llegar a nuevos clientes, los que vas a encontrar, probablemente van a pedirte que les hagas el servicio impecable, de la mejor calidad y cuanto antes. Es decir, por su parte no va a haber diferencia a la hora de pedir, por lo tanto, no deberías de rebajarte a la hora de ofrecer. Recuerda que es tu trabajo, que quieres vivir de ello, que no es un entretenimiento para llenar tu tiempo libre. Eres un profesional y tienes que luchar para que los demás te vean como tal y no como un recurso barato y simple para conseguir la máxima calidad de resultado.

Son solo 8 ideas que pueden ayudarte a ver las cosas con una nueva perspectiva o a confirmar las ideas que ya tenías. Pero, están lejos de ser dogmas. Cada persona es un mundo y una experiencia diferente. A la hora de la verdad, eres tú quien va a correr los riesgos, obtener los beneficios, tomar las decisiones y acarrear con las consecuencias. Lee todo lo que puedas, habla con todos, pero después, escúchate a ti mismo.